martes, 29 de abril de 2014

En los ‘90 tuve un amor muy joven, muy dulce

En los ‘90 tuve un amor muy joven, muy dulce
que viajaba en colectivo para llegar
siempre apurado sudado y feliz
a apretarme contra su cuerpo
de carne verdadera
joven es el amor que te despierta
así es él
hermoso como la locura
esa
que pone el corazón a galopar
y te agita la vida como
la tempestad sacude las copas más duras.
En los 90 tuve
un vestido de flores negras
su perfume siempre joven
y una amiga fiel
17 años tuve en los ‘90
un disco de Nirvana
y el cadáver de Cobain.
En los `90 le cocinaba a mamá
en nuestra casa de la Pedro Zanni
una calle con nombre de coronel.
Así era la vida
un espíritu adolescente
y negro como el placer
y tuve 90 días para hacer dormir la pena
de lo que se sueña sin razón.
En los ’90 tuve un amor muy joven
muy dulce.

martes, 22 de abril de 2014

Helicópteros

No me gustan los helicópteros. Por las noches el barrido de sus hélices heladas, rompen con los sueños, saturan el aire de algo tenebroso. Por suerte hay días sin helicópteros, entonces sueño. Audaces sueños pueden venir. La resurrección de la carne. Amar a todos los vendedores del mundo. Besar sin cansancio al hombre del momento.  

jueves, 3 de abril de 2014

un sueño

Sueño que mi cuerpo expulsa animales de patas minúsculas y bocas hambrientas.
Son como pequeños escorpiones, se mueven rápido, salen de mí es como si mi cuerpo no fuera humano, descubro en mis sueños que soy animal.
Mi carne no está hecha de piel y de músculos, un hombre intenta quitar de mi pie uno de esos animalitos que desea vorazmente un trozo de mí; no hay dolor en la operación, sonrío todo el tiempo ante la mirada humana, mientras el arácnido insiste en roer la planta de mi pie.


martes, 1 de abril de 2014

Flores enormes en forma de campana. (Con amor a Mao)

Hace unos meses creció una enredadera. Un amigo que la vio me dijo: “K., es fea”. A mí me gustaba que hubiera salido de un lugar sin posibilidades.
Me gusta tener plantas en mi terraza, las tengo en una pequeña celdita cuadriculada, que es en realidad un espacio asignado para colgar la ropa que uno lava en su baño, en la cocina o en los piletones que hay en la terraza. Bien. Lo que quiero contar es dónde nació la enredadera. Tuve una pequeña huerta a inicios de la primavera pasada. Empecé a plantar semillas y plantines en recipientes de todo tipo: vasitos de telgopor, botellones de agua mineral, también en macetas pero hubo un recipiente que reutilicé (porque tenía un agujero), un fuentón de esos de plástico que se usan para la limpieza, bueno aquí es donde quedó un poco de tierra y donde creció la enredadera. Hoy subí para regarla y me sorprendió con dos flores enormes en forma de campana, son de un color que no puedo definir, es la primera vez que veo una tonalidad como esa creo que vi un azul pero también un lila y un violeta hasta un rosado. Algo indefinido. Como la belleza, pensé. 

jueves, 20 de marzo de 2014

No hay ningún animal en mis sueños. Sueño con personas conocidas y extrañas; rostros humanos, gente adentro de mi cabeza, mis rehenes; la cabeza, una prisión. Todos los animales viajan por las nubes. Hoy la gente celebra el carnaval. Yo celebro todos los pájaros que anidaron en mi pecho y hoy me despiertan con su inquieto parlamento. Hay un hueco en mi terraza, sé que te fuiste por ahí, te lo vi en los ojos la primera vez que elegiste quedarte ahí. La muerte no sabe lo que hace, a veces.

jueves, 20 de febrero de 2014

Rocas

Te dejé y me fui.
Bajé las escaleras
sentí un olor a carne quemada
y el ruido que hizo tu nariz.
Cada escalón me decía “no”
y sin embargo me fui.
Te dejé
en medio de la ropa sucia
y la cama destendida.
Caminé entre los sillones
hacia la puerta
tu casa estaba vacía

rocas en caída
escuchaba yo.


miércoles, 19 de febrero de 2014

Una corriente invisible

Una navidad de 39 grados
te trajo a mi casa
yo miraba
un documental sobre Napoleón
empezaste a hablar de esa mujer
y hablaste tanto que
por un momento pensé
que me asfixiaba.
No te conocía
pero me pareciste desorientado
igual que yo
dejamos de ser compañeros de la facultad
y pasamos a ser algo
que nunca dejó de ser extraño.
De a poco
te fuiste acostumbrando a mí,
tu inteligencia
como una enfermedad exhibicionista
hacía aparecer
el inestable relieve de las cosas
yo me dejaba arrastrar por una corriente invisible.
Tenías miedo de perder la juventud,
de conocerle la cara al fracaso.
Al final
fuimos como dos  leprosos
habitamos la villa de nuestras miserias
y nos comimos la piel.
Ahora
en esa que era tu casa
sé que dejaste  a Perrín
atado en la terraza
junto a la soga de ropa
que cuelga
movida por el viento.